viernes, agosto 28

Postre literario.

Sobre,"Los nombres del aire”.
De Alberto Ruy Sánchez.



Alberto Ruy Sánchez, escritor contemporáneo proveniente del desierto de Sonora, sabe muy bien de lo que habla cuando en sus letras se refiere a la densidad del aire caliente o a la sensualidad escondida en las dunas de arena. Obsesionado con el cuerpo femenino y los laberintos del deseo humano, dedicó más de veinte años a entrevistarse con hombres y mujeres de todo tipo para buscar entre sus historias y experiencias la esencia primaria del deseo.


Realizó una búsqueda en el inconciente amoroso y carnal del ser humano, que mezclado con su maravillosa técnica literaria nos da como resultado: Los nombres del aire, En los labios del agua, Los jardines secretos de Mogador: voces de la tierra y La mano del fuego.

Una tetralogía de libros escritos en una grandiosa prosa poética que nos hablan sin recato y con innegable belleza acerca del amor, el deseo y el erotismo; elementos que aspiran siempre a la experiencia espiritual.

“Hay otros textos mogadorianos que han surgido alrededor de este eje en el que cada libro es independiente de los otros y al mismo tiempo forman un solo libro.”



Los nombres del aire, el primero de la saga, es un libro seductor que debe ser leído lentamente, pues al hacerlo el tiempo queda suspendido. Ruy Sánchez, sin parecer artificial, logra introducirnos por completo en su universo de profundas sensaciones e imágenes vivas, un mundo que nos envuelve con penetrantes aromas y sonidos místicos que en esta obra el autor crea a través de sus relatos. Un paraíso construido entre la piel y la palabra.



Aunque anclados en Mogador, sus relatos trascienden las fronteras geográficas, acercándonos a una visión universal, porque como buen discípulo de Octavio Paz, el autor sabe que “las civilizaciones no son fortalezas, sino cruces de caminos”.



“¿Qué era el Hammam por la mañana? Torbellino secreto: grito, pastilla de jabón disuelta en agua, cabellera enredada, yerbas de olor evaporadas, un gajo de naranja en una fuente de semillas de granada, menta y hashish en labios gruesos, depilaciones apresuradas, sandalias de madera hinchada, tierra roja para teñir el pelo, un durazno mordido, flores obesas, azulejos vivos, desnudez sumergida que se mueve como reflejo de la luna en el agua”.



La poesía se entreteje en cada oración. Con un ritmo suave y cadencioso, su lírica nos lleva de la mano por un caracol de nueve vueltas que va develando uno a uno los secretos entre sus páginas hasta llegar al corazón del deseo. El lector, sin duda se convertirá en cómplice y víctima de la caricia leve que nos regala esta deliciosa literatura.



"En Fatma, la protagonista, se posan los deseos. Ella los recibe como una pura transparencia: los ve pasar a través de su cuerpo y a veces vibra con ellos, pero jamás los conserva. Es la morada de lo efímero, de lo que el erotismo tiene de inapresable y siempre huyente”.



Todo el mundo arabesco dibujado por el autor contiene un sustento real. Existe sin duda una verosimilitud étnica en el despliegue de la ficción del libro. De esta manera la obra se libera del exotismo típico que se utiliza en occidente al hablar de la cultura árabe.

Los nombres del aire, ganador del premio Xavier Villaurrutia, así como sus novelas hermanas, son a la vez literatura seria y gozosa, dedicada tanto al estudio como al placer de su lectura.

Roland Barthes (eminente maestro de Alberto) decía que la característica de una auténtica obra literaria es que se presta a “un desciframiento infinito”. Esta novela es sin duda un puntual ejemplo de lo que nunca terminará de conocerse por completo.

La frase sexy del día...

"...en el paraíso, seguramente Dios esta envuelto en chocolate."
(Dicha, obviamente, a la hora del postre.)

Mar Abierto (Edel Juarez)





Tu cuerpo es mar abierto,

paraíso fascinante

para el bañista ocasional que te contempla,

para el que teme entrar a tus aguas

profundas y templadas,

por el creciente miedo

al placer de perderse en ellas,

de tomar como única salida tus pechos

redondos y salados,

y aferrarse a ellos como tablas salvavidas.



Tu cuerpo es mar abierto,

y yo la playa que lo rodea,

no has hecho más que marcarme

delimitar mi espacio,

y llevarte a trazos mi cuerpo, mi paciencia,

con el pretexto de tener un muelle lejos

no quieres jugar con mis arenas

no dejas que a tu espuma

la absorban mis entrañas

ni que sea yo quien detenga

por momentos tu marcha.



Si en cada extremo eres distinta

porque insistes en no quedarte,

a los muelles el amor

llega como los barcos,

a las playas

la pasión como marea...


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